Sí, lo sé: Avatar y FernGully tienen el mismo argumento pero, ¿a quién le importa eso cuando estás frente a una película que técnicamente no tiene desperdicio y qué, a decir de muchos -incluido Michael Moore- es un proyecto que redefinirá al cine?

Empecemos por el principio, es decir, por el argumento. Una corporación estadounidense, en un futuro no determinado, arriba a Pandora, un planeta con una belleza sin igual que, además, posee una piedrita que vale millones de dólares el kilo. ¿Qué es lo que hace la gran corporación? Tratar de conseguir la piedrita a cualquier costo, aunque éste sea destruir el lugar. ¿Les suena parecido?
Como alternativa a la destrucción del planeta y su población nativa -los na'va- está la opción diplomática, la cual consiste en que varios humanos traten de ganar la confianza de los lugareños infiltrándose en las tribus como avatares, cuerpos genérticamente diseñados que combinan ADN nativo con terrícola. Una vez que la confianza se ha ganada, el objetivo es convencer a los na'vi de moverse para que las extraigan el mineral.
Al frente de ese equipo diplomamático está la Dra. Grace (Sigourney Weaver) quien en un principio no acepta que Jake Sully (Sam Worthington), un ex marine lisiado, se entromenta en sus asuntos.
Hasta aquí, todo es parte de la fórmula: el enemigo de la naturaleza (la corporación); el equipo de científicos que desconfía del recién llegado por lo cree un gorila sin cerebro, y el cual eventualmente se ganará la confianza de todos (Jake); y el grupo de nativos con una extraña, fuerte y cuasi-mágica conexión con su medioambiente que tampoco creerá en un principio en el gorilón, pero que le acabará enseñando los secretos de su mundo.

Ahora hablemos de la técnica. Por diez años, James Cameron esperó a que la tecnología para hacer realidad su guión fuera una realidad, y a juzgar por los resultados, esperó el tiempo preciso. Luego de Golum y El Señor de los Anillos, Avatar logra incorporar CGI (Imágenes Generadas por Computador) y acción viva de una manera natural y sin que ambos elementos choquen como agua y aceite -¿estás oyendo George Lucas?
Al menos en 3D -tecnología en la que fue filmada originalmente la cinta- los detalles de cada cuadro de Avatar son realmente sorprendentes. Y según Michael Moore en su último mensaje de Twitter, en 2D la experiencia es igualmente sobrecogedora, pues precisamente ésa es la palabra para describir la sensación que deja el filme.
Gracias a la forma, el fondo -entiéndase el guión- fluye correctamente, ya que analizado fuera de esa gama de efectos, la historia tiene algunos huecos que seguramente podrían llenarse si la película durara 30 minutos más, es decir, más de 3 horas. Para clarificar ciertos detalles que la edición se come, Cameron incluye un narrador -el propio protagonista, Jake Sully- el cual por momentos sale sobrando.
Fuera de este detalle, el trasfondo ecologista (y obvio) de la historia puede leerse como oportunista o como oportuno (yo me quedo con este último). Asimismo, resulta interesante analizar el papel de las mujeres a lo largo de todo el filme.
Más que personajes de relleno, las féminas de Avatar tienen un peso importante, ya sea como científicas, guerraras o pitonisas, lo cual, en estos tiempos políticamente correctos, le da a ganar otro pico de estrella a Cameron, quien ya ha recibido un par de nominaciones a los Globos de Oro.
Otro asunto que no debe pasarnos por alto, es el elenco y que, en conjunto con la parte medioambientalista y feminista, seguramente dará para varios ensayos y artículos de corte académico en el área de las Ciencias Sociales. Me refiero entonces a que los na'vi son actuados por negros y indios norteamericanos (minorías, si es que se les puede llamar así a los primeros), cosa que parece intrascendente pero que dota al producto final de más puntos bajo la óptica de obsesivos del detalle como el que esto escribe.
A punto de la perfección, lo que Cameron logra sin lugar a dudas es una experiencia cinematográfica distinta que, como dijimos al principio, muchos ya califican de parteaguas de la industria. Eso, lo decidirá el querido lector/cinéfilo... aunque nunca falta que la Academia y la Prensa Internacional de Hollywood acaben imponiendo sus decisiones.
Alonso Fragua
Empecemos por el principio, es decir, por el argumento. Una corporación estadounidense, en un futuro no determinado, arriba a Pandora, un planeta con una belleza sin igual que, además, posee una piedrita que vale millones de dólares el kilo. ¿Qué es lo que hace la gran corporación? Tratar de conseguir la piedrita a cualquier costo, aunque éste sea destruir el lugar. ¿Les suena parecido?
Como alternativa a la destrucción del planeta y su población nativa -los na'va- está la opción diplomática, la cual consiste en que varios humanos traten de ganar la confianza de los lugareños infiltrándose en las tribus como avatares, cuerpos genérticamente diseñados que combinan ADN nativo con terrícola. Una vez que la confianza se ha ganada, el objetivo es convencer a los na'vi de moverse para que las extraigan el mineral.
Al frente de ese equipo diplomamático está la Dra. Grace (Sigourney Weaver) quien en un principio no acepta que Jake Sully (Sam Worthington), un ex marine lisiado, se entromenta en sus asuntos.
Hasta aquí, todo es parte de la fórmula: el enemigo de la naturaleza (la corporación); el equipo de científicos que desconfía del recién llegado por lo cree un gorila sin cerebro, y el cual eventualmente se ganará la confianza de todos (Jake); y el grupo de nativos con una extraña, fuerte y cuasi-mágica conexión con su medioambiente que tampoco creerá en un principio en el gorilón, pero que le acabará enseñando los secretos de su mundo.
Ahora hablemos de la técnica. Por diez años, James Cameron esperó a que la tecnología para hacer realidad su guión fuera una realidad, y a juzgar por los resultados, esperó el tiempo preciso. Luego de Golum y El Señor de los Anillos, Avatar logra incorporar CGI (Imágenes Generadas por Computador) y acción viva de una manera natural y sin que ambos elementos choquen como agua y aceite -¿estás oyendo George Lucas?
Al menos en 3D -tecnología en la que fue filmada originalmente la cinta- los detalles de cada cuadro de Avatar son realmente sorprendentes. Y según Michael Moore en su último mensaje de Twitter, en 2D la experiencia es igualmente sobrecogedora, pues precisamente ésa es la palabra para describir la sensación que deja el filme.
Gracias a la forma, el fondo -entiéndase el guión- fluye correctamente, ya que analizado fuera de esa gama de efectos, la historia tiene algunos huecos que seguramente podrían llenarse si la película durara 30 minutos más, es decir, más de 3 horas. Para clarificar ciertos detalles que la edición se come, Cameron incluye un narrador -el propio protagonista, Jake Sully- el cual por momentos sale sobrando.
Fuera de este detalle, el trasfondo ecologista (y obvio) de la historia puede leerse como oportunista o como oportuno (yo me quedo con este último). Asimismo, resulta interesante analizar el papel de las mujeres a lo largo de todo el filme.
Más que personajes de relleno, las féminas de Avatar tienen un peso importante, ya sea como científicas, guerraras o pitonisas, lo cual, en estos tiempos políticamente correctos, le da a ganar otro pico de estrella a Cameron, quien ya ha recibido un par de nominaciones a los Globos de Oro.
Otro asunto que no debe pasarnos por alto, es el elenco y que, en conjunto con la parte medioambientalista y feminista, seguramente dará para varios ensayos y artículos de corte académico en el área de las Ciencias Sociales. Me refiero entonces a que los na'vi son actuados por negros y indios norteamericanos (minorías, si es que se les puede llamar así a los primeros), cosa que parece intrascendente pero que dota al producto final de más puntos bajo la óptica de obsesivos del detalle como el que esto escribe.
A punto de la perfección, lo que Cameron logra sin lugar a dudas es una experiencia cinematográfica distinta que, como dijimos al principio, muchos ya califican de parteaguas de la industria. Eso, lo decidirá el querido lector/cinéfilo... aunque nunca falta que la Academia y la Prensa Internacional de Hollywood acaben imponiendo sus decisiones.
Alonso Fragua

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