Íñigo Medina/ La Jornada de O.
Cada cierto tiempo en el panorama cinematográfico nacional surge una película que, sin mostrar un mínimo de modestia, se anuncia como la salvadora de la industria por sus valores de producción y su mensaje. Muchas ocasiones estas cintas navegan por la cartelera con la bendición de las grandes cadenas mediáticas, y hasta del público; éste último poco exigente –las más de las veces– y poco consciente de que su apoyo incondicional y falta de discusión crítica no ayudan al crecimiento de los realizadores.
Éste es el caso de Nikté, segundo proyecto de la compañía poblana Animex Studios y del director Ricardo Arnaiz (La leyenda de la nahuala, 2007). A pesar de que este esfuerzo supera a su predecesor en calidad técnica, la historia de la pequeña niña olmeca no logra convertirse en la mejor película mexicana de 2009, como lo anuncian desde hace meses sus creadores. (Si bien es cierto que Universal Pictures está encargado de su distribución, esto me parece un mérito extra–fílmico que quizá habría que adjudicar a la productora, Soco Aguilar).
Como en el caso de la Nahuala, el mayor valor de Nikté es su uso de elementos culturales más cercanos a la idiosincrasia mexicana, detalle sobresaliente dentro de una industria que no acaba de encontrar una identidad. No obstante, las fórmulas a las que recurren los guionistas Antonio Garci y Omar Mustre repiten un origen hollywoodense que no encaja en el contexto del filme.
Sirva de ejemplo el huidizo guajolote sagrado que ayuda a Nikté (voz de Sherlyn) a encontrar la flor que salvará a su pueblo. De la misma forma que las calaveritas de azúcar de la Nahuala, el ave prehispánica funciona para inyectar cada 10 minutos un poco de comedia, la cual, por cierto, agota en su segunda o tercera aparición; algo así como un running gag –literalmente– que viene a romper el ritmo del relato.
Pero el guajolote sagrado no es el mayor problema del guión o de la dirección. Lo que Arnaiz y compañía deben corregir para su tercera entrega es el ritmo general de la historia, lo mismo que cuidar sus transiciones –tanto a nivel técnico como argumental. La primera gran falla en este segundo punto es el paso del presente al pasado prehispánico olmeca.
Mientras una familia recorre el parque–museo de La Venta, en Tabasco, su odiosa hija pre–adolescente descansa recargada en una cabeza monumental olmeca, de la cual cae una puerta secreta que le revela a la mexicana contemporánea la historia de Nikté. En un principio queda la duda de si la jovencita anónima –que responde sólo al apodo de “princesa”– está soñando, a pesar de que jamás se golpea la cabeza ni los animadores justificaron de otra manera un eventual viaje onírico.
Al final descubriremos confundidos que efectivamente la pequeña soñó todas las proezas de Nikté y que, como ésta, ha aprendido a ser más humilde y a reconocer la labor amorosa de su familia. No obstante, la historia podría sostenerse sola, sin la “ayuda” del prólogo y epílogo ubicados en época actual.
En cuanto al ritmo, este cambia de velocidad hacia el final del relato, precipitándose vertiginosamente, sin permitir que personajes como Tanké (Ro, del grupo Liquits), el príncipe y campeón de juego de pelota, despeguen.
De igual forma, los chistes en ocasiones entran con calzador y ni siquiera desencadenan la risa de los más pequeños, si bien el humor esta vez es menos localista que en La Nahuala. En este rubro merece especial atención la oportuna presencia de Alex Lora, quien presta su voz aguardentosa al chaneque chamán, al que también le imprime una personalidad retro–mariguana que permea a toda la aldea de chaneques.
En cuanto a la animación per se, como menciono en las primeras líneas, es superior a la ópera prima de Arnaiz, aunque insiste en recurrir a técnicas 3D que rompen el estilo y no aportan calidad, como en la secuencia con los alacranes híper–desarrollados de los que es salvada la joven princesa por Chin –voz de Pierre Angelo, otra acertada decisión de casting.
Al final, como siempre, el veredicto quedará en el público que seguramente se volcará a las salas a partir del 17 de diciembre que Nikté hará uso de sus 500 copias. La recomendación entonces es ver esta película de la misma forma que cualquier otro producto nacional: con un ojo crítico, reconociendo sus aciertos, pero haciendo notar sus fallas. Esto, en última instancia, tendrá el propósito de construir una industria cinematográfica sólida, lo mismo que una tercera obra de Animex que continúe con su misión de exaltar historias y valores nacionales, cosa que le hace mucha falta a este país.


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